Hace poco leí el " Manual del sumiller" de Giuseppe Vacarinni (muy bueno por cierto), y quizas estos adjetivos deberían sumarse a los tantos otros técnicos descriptos en el libro...
Sí, ya sabemos que el vocabulario esnob que utilizan muchas veces los más conocedores y entusiastas del vino crea rechazo en algunos y risa en otros. Pero, ¿no creéis que hay ocasiones en las que soltar un adjetivo sobre el vino que estáis tomando puede ser molón y hasta sexy? Si eres de los que opinan esto último, aquí tienes nueve términos que deberías saberte al dedillo:
Abocado (o embocado). Usa este término para designar a los vinos que ofrecen sensaciones azucaradas. No cuela si es un vino dulce o semi dulce; tienes que utilizarlo sólo con vinos que, sin llegar a ser dulzones como un Oporto, os recuerden a cosas dulces.
Acerado. Este vocablo no proviene de la palabra “cera”, apuntando a los vinos con color a cera natural, sino que hace referencia a un matiz en la coloración de los vinos blancos jóvenes y pálidos similar al brillo del acero. Si en los bordes de la copa ves un color que te recuerda a algo metálico, puedes dejar caer el palabro tan ricamente.
Agresivo. Este término es perfecto si el vino es peleón o no os gusta porque está muy fuerte. Decimos que un vino resulta agresivo cuando su aroma y sabor son demasiado penetrantes y desagradables. Tal agresividad suelen dársela las excesivas acidez y astringencia. Si se te pone la cara de Amavisca mirando al sol, no hay duda: es un vino agresivo.
Alegre. No va por aquello de que el vino nos hace reír ni por ese puntillo tan gustoso que nos da el alcohol en buena compañía. Puedes decir que un vino tiene alegría cuando en boca es ligero, fresco y fácil de tomar. Ya sabes, esos vinos que entran solitos.
Corto. Se dice que un vino se ha quedado corto cuando es muy joven y parece sin terminar. También puedes decir que se te ha quedado corto… si te ha gustado tanto que quieres repetir
Decrépito. Adjetivo ideal para describir los vinos desequilibrados por completo debido al exceso de edad. Si guardas un crianza normalito del año 96 en el armario de la cocina, tienes muchas posibilidades de que ahora sea imbebible. Si te atreves a probarlo, puedes decir con la boca bien grande cuán decrépito se ha quedado.
Hueco. Se dice de los vinos que decepcionan en boca debido a sus muchas carencias. Directamente, si te resulta soso, sin gracia, si te recuerda al agua, puedes decir que es hueco y poner cara de ni fu ni fa.
Morapio. Con este vas a quedar genial. Suéltalo sí o sí en la próxima Nochebuena para dejar al personal ojiplático; lo que realmente estarás diciendo es que se trata de un vino de color intenso y tonos apagados por su poca acidez.
Terpénico. ¿A que no tienes lo que hay que tener para decir en la próxima comida de empresa que el vino te gusta sobre todo por su carácter tarpénico? Si te atreves, que sepas que estás diciendo que presenta aromas densos e intensos, generalmente florales, como a lilas, violetas…

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